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viernes, 3 de noviembre de 2017

Yo soy Tenerife, Luis Adern Ortoll, montañero

*EMBAJADORES DE #YOSOYTENERIFE* EXPEDICIÓN #PICOTEIDE12N
LUIS ADERN ORTOLL más conocido entre los montañeros como Napo es uno de los grandes documentalistas audiovisuales de Canarias. Con apenas doce años le regalaron su primera cámara de fotos y, tres años después, la mítica cámara de cine S8mm. Desde ese momento hasta hoy, Napo hace hablar a la Naturaleza y, seducido por ella, la inmortaliza.
Así, durante más de cuarenta años ha documentado una gran parte de la historia montañera de Canarias, compaginando la fotografía, los rodajes de expediciones con la realización de documentales y la producción de cortometrajes. Siempre acompañado de sus cámaras de cine, la Bolex de torreta y la Arriflex BLQ de 16mm y su incombustible Nikon FM.
Cine y Montaña, Naturaleza y Poesía, Fotografía y Filosofía binomios que Napo ha sabido conjugar como nadie a través de un paisaje dónde hay emoción, vida, sacrificio, empecinamiento, aventura… Una hermosa lección de arte y cultura.
Con esta sensibilidad, el nuevo Embajador de #YosoyTenerife no solo aporta una travesía de infinitos rincones y lugares por todo el planeta, también un testimonio de imágenes, de sonidos y silencios, de protagonistas cuyo coraje y valentía dejo de ser anónimo ante la óptica de su cámara…
Napo será otro de los grandes montañeros integrantes de la expedición #PicoTeide12N que, el próximo 12 de noviembre, ascenderá a la cima del Teide para desde allí lanzar junto con otros compañeros de esta práctica deportiva lanzar un mensaje de concienciación de la necesidad de cuidar y preservar nuestro patrimonio.
Empezó su afición a principio de los años 70. Sus primeros reportajes fueron realizados con las míticas cámaras de Súper 8mm, relacionados sobre todo con la aventura y el montañismo. Años llenos de caminatas, escaladas, aventuras, expediciones, filmaciones y fotografías.
El Montblanc, los Pirineos, Picos de Europa, Riglos, Montserrat, el Monte McKinley, el Gasherbrum II y, sobre todo, la expedición canaria ‘Sudamérica 38’, que durante casi dos años recorrió el subcontinente americano, y dónde tuvo la oportunidad de ascender a los picos Simón Bolívar, Cristóbal Colón, Cotopaxi, Chimborazo, Sajama, Huascarán, Ojos del Salado y Aconcagua, entre otros, jalonan parte de su extenso historial como montañero.
Durante cuarenta años ha estado compaginando los rodajes de expediciones con la realización de documentales en cine de 16mm como Sudamérica la gran aventura, Canarios en el McKinley, America 93, Aventura en Marruecos, Canarios en los Gasherbrums...
Reconoce que la montaña le llevó al cine y el cine ha sido la excusa para seguir con la montaña. En ella ha encontrado innumerables amigos, con los que se ha reído y ha llorado, pero con los que ha compartido, sobre todo, su pasión y amor por la Naturaleza. Napo entiende la montaña como una filosofía de vida, como una equilibradora de la existencia, como un escape a esta realidad que, muchas veces, nos supera. Ha aprendido a amarla, a respetarla, a hacerle caso, a integrarse en ella. “No somos nada frente a la naturaleza y sus montañas y, cuando nos olvidamos de esto, siempre pasa factura”.
De madre canaria y padre catalán, Napo empezó a caminar con 12 años y, aunque su primera ruta, de Casa Domingo a la Cruz del Carmen, fue traumática, con esa edad fue capaz de subir hasta los 3.718 metros que coronan El Teide. Cuatro años más tarde, con 16 se puso por primera vez unos crampones para ascender al Mont Blanc con el grupo de montaña Roger de Flor de la OJE de Tenerife.
Fueron las montañas de Anaga y Las Cañadas quienes sedujeron a este explorador de retina inquieta. Muchas veces subía a este último paraje en auto stop con la inmensa fortuna de compartir trayecto con los grandes maestros Mario Pérez y Narciso Figueroa que, generosamente, hacían un alto en el camino para recoger al joven que tenía el pulgar alzado al borde de la carretera.
Napo empezó a caminar y ya no paro. Andó por todas las Islas, luego Pirineos, Picos de Europa, Riglos, Montserrat y empezó a formarse acudiendo a cursos de montaña y escalada, organizados por la Federación Tinerfeña de Montañismo. De aquellos tiempos, recuerda a Alberto Alón corriendo “detrás de nosotros, que nos habíamos escapado a hacer boulder por nuestra cuenta, una vez acabada la jornada del curso”. Le tocó aprender y también enseñar y dirigir.
Fue monitor de campamentos a la edad de 14 años y tras sacar el título de director, estuvo 23 años dirigiendo turnos de verano en el Emilio Fernández Muñoz, el Barranco de la Arena, El Lagar y Arenas Negras. También obtuvo el titulo de monitor de montaña por la ENME de la OJE y el de profesor de Técnicas de Rescate por la Dirección General de Protección Civil, de la mano del montañero Cesar Pérez de Tudela. Ha Impartido cursos de rescate a las cuadrillas helitransportadas del ICONA, al grupo de rescate del Gobierno de Canarias, la Cruz Roja y a efectivos en Perú... A la par, trabajó para Parques Nacionales y para Medio Ambiente del Gobierno de Canarias, realizando innumerables documentales de naturaleza y de divulgación del medio ambiente canario.
A mediados de la década de los ochenta, participó como montañero y realizador/cámara, en la expedición Canaria Sudamérica 83, que durante casi dos años y 19.000 kilómetros, recorrió el América del Sur al completo, bajando por la costa pacífica hasta Punta Arenas y subiendo por el Atlántico, a bordo de todoterrenos.
Visitó Parques Nacionales, estaciones científicas biológicas, localizó a canarios, algunos nietos de colonos que habían salido de las islas a principios del XIX para colonizar el sur de Chile, convivió con tribus y contribuyó a difundir la historia y el paisaje de Canarias. Napo lo recuerda como un viaje de aventuras extraordinario en el que “nos pasó casi de todo, nos detuvieron los militares, tuvimos que afrontar vadeos de ríos imposibles, carreteras embarradas y nevadas, nos faltaron y fallaron recursos, pasamos, incluso, hasta hambre”.
Pero todo eso forma parte de la aventura, del espíritu que mueve a cualquier montañero afrontar la incertidumbre, a buscar en medio de la nada o del todo, soluciones que ayuden a seguir explorando, buceando en una Naturaleza que, a veces se muestra generosa, otra caprichosa e implacable.
Un año después del regresar del periplo americano, en 1986, Nano viajó hasta Estados Unidos para dirigirse a la cordillera de Alaska, dónde ascendió a la montaña más alta de América del Norte, McKinley, renombrado Denaly, con una altitud de 6.190 metros. Fue la montaña “donde más frío y miedo he pasado en mi vida” reconoce Napo, que a la vuelta de esa expedición y en hizo escala en Japón, para aprovechar y subir al monte Fuji.
Frío, miedo y superación porque Napo no sabe estarse quieto. A principios de los 90, organizó un viaje a Marruecos para ascender su pico más alto, El Toubkal y poco después, en 1993, regresó a Sudamérica para durante dos meses seguir recorriendo las montañas de Chile, Bolivia y Argentina, ascendiendo el Aconcagua por segunda vez, siempre acompañado de sus cámaras de cine y su imparable Nikon FM.
En 2013, Napo también participó en la Expedición Canaria al Gasherbrum II, un ocho mil de Pakistán, como operador de cámara y realizador del documental rodado en cine. También ha filmando y fotografiando el Atlas Central de Marruecos, que visita una vez al año, con el grupo de montaña Peñalara, del que es socio y miembro de su GAM.
He alternado el mundo de los documentales de naturaleza, de viajes y de expediciones, con la producción de cortometrajes y largometrajes, participando, sobre todo, como productor y director de fotografía. Sus compañeros cineastas le preguntan porque es tan duro y resistente en los rodajes y Napo les contesta “que la montaña me ha forjado y templado”.
Napo seguirá recorriendo caminos, nuevos o por los que ya transitó una y mil veces y siempre lo hará acompañado de su cámara y sus pensamientos. Jamás se cansará de hacer mirar, de observar, de hacer fotografías a sus compañeros, a las nubes, a los insectos, a los paisajes…


Para Napo, El Teide siempre fue “nuestra montaña mágica, nuestro tótem. Lo hemos ascendido infinidad de veces, a todas horas, por todas las caras, durante todas las estaciones, de noche, de día, al amanecer, al atardecer, nevando, con ventisca, con luna, sin luna, solos y acompañados. Nos conocemos bien”.





































                                     Los tejados son los pies de los cielos.




jueves, 12 de octubre de 2017

Un paseo por Pirineos y por el corazón de los amigos.





























                                         A veces, y, solo a veces, la amistad es tan fuerte como el amor.