Estaba apenado y se sentía culpable
por no haber respetado su deseo de que no la molestara más. Le había
escrito un par de veces y se arrepentida mucho de haberlo hecho. Le
consolaba el echo de que ya no la importunaría más. Cargaría con
eso el resto de su vida. Ese sería el precio que tendría que pagar por
faltarle el respeto a los deseos de una persona. Menos mal que ya le quedaba muy poco tiempo de vida.

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