En
donde comienza.
Tu piel.
De que tienes que ser tú quien me tienda la mano y me invite a entrar en el Alisio, yo no quiero ni molestar, ni importunar, ni seguir metiendo la pata contigo. No soy nada ni nadie para invadir tu espacio vital sin ser llamado. — le dijo — .
De que desde siempre, y aunque no lo pareciera, hemos estado. Juntos, impregnándonos. Sujetándonos al camino. Al nuestro.