De que a veces, yo mismo, me doy vergüenza ajena. Y es cuando más deseo a la muerte. La que me merezca.
De que a veces, yo mismo, me doy vergüenza ajena. Y es cuando más deseo a la muerte. La que me merezca.
Del lobo, ni la mierda sirve para abono. No hay nada de él que se pueda aprovechar. Lo mejor es enterrarlo envuelto en bastante cal, y muy profundo, para que no le apesten sus inmundicias y su podrida alma a nadie que pase por el estercolero.
Lobo debería acabar con su existencia. El hedor que desprendía era nauseabundo. Y molestaba enormemente a la vida. La mierda tiene que estar en el pozo negro. No sin antes pedir perdón por última vez. Aunque sabía, en el fondo de su miserable alma, que no lo perdonaría. Mierda a la mierda.