Llegamos a la isla del Hierro en barco. Salimos andando desde el
puerto y durante quince días la recorrimos enterita a pie. Tanto es
así que llegamos andando al aeropuerto para regresar en avión a Tenerife. Esas
dos semanas andando nos sirvieron como entrenamiento para la
ascensión al Mont Blanc, en Francia. Recuerdo que muchas etapas las
hacíamos caminando con los pies más abiertos de lo normal,
simulando que teníamos crampones, aunque nunca antes nos habíamos
puesto unos de verdad. Teníamos dieciséis años, salvo Paco que
tenía veintiuno. Corría el veranos de 1976. En esa isla comenzó la mediocre andadura del lobo.