A lobo le gustaba abrazarla por la espalda. Oler sus cabellos húmedos. Mordisquearle sus orejitas, besarle el cuello, susurrarle palabras en francés, hacerla reir. Luego, enfrentaban sus caras , juntaban sus labios y se cargaban de aliento de vida mientras les temblaban sus piernas.

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