Vivaquearon en una especie de cueva que habían localizado el verano anterior. Encendieron un fuego con la leña que habían reunido y después de cenar se metieron en sus sacos de dormir. Las llamas de la hoguera hacían que brillaran sus ojos de manera especial y cálida. Y más cuando juntaron sus caras y se besaron como nunca o habían hecho antes. Las estrellas fueron testigos de ese acontecimiento y lo celebraron con un titilar que solo se vio esa noche. Noche en la que quedaron grabadas para siempre sus sonrisas en el firmamento y en sus corazones.
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