No había duda. Lobo era un ser despreciable. De la peor calaña. Que no se merecía nada. Ni si quiera el desprecio más absoluto. Ojalá se pudriera pronto en el infierno. Seres como él, de alma hedionda y dañina había que hacerlos desaparecer del camino de la vida. Y agradecer a quien le recordaba su condición de miserable.
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