Lobo no se cansaba de decirlo. Lo de que era un miserable y despreciable mierda. A veces se preguntaba del porqué le seguían dirigiendo la palabra. Siempre agradecía que lo pusieran en su sitio. Las personas y la vida. La verdad es que no valía la pena tenerlo en cuenta para nada. Ni incluso para despreciarlo. Estos días había estado de revisiones médicas. Y la vida lo iba a poner en su sitio. Estaba perdiendo bastante visión y además tenía, seguramente un tumor en el riñón que junto al cáncer que ya padecía, y que se iba agravando de a poco, lo pondrían a comer la mierda de la existencia. Lo que si tenia claro era que quería morir con todo el sufrimiento posible para poder irse con un poco de dignidad. Lamentaba todo el mal que había provocado y no pediría perdón por que nadie lo perdonaría. Era demasiado despreciable como para tenerlo, si quiera, en consideración. Solo podía arrepentirse, aunque no le interesara a nadie. Polvo al polvo y mierda a la mierda,
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