De que no sabía el porqué le seguía hablando. Seguramente por caridad o por pena, a pesar del asco que seguramente le producía solo el pensarlo. En eso demostraba el gran corazón que tenía. El miserable se estaba planteando seriamente quitarse la vida. Sentía demasiada vergüenza ajena por él mismo. Sería lo más digno que haría en su miserable vida. Mierda a la mierda.
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