Lagartija era especial. Muy especial.
Un ángel que cuidaba a un lobo, gris y viejo, su preferido. El lobo
también cuidaba de ella. Hacían un buen equipo, no cabía duda.
Daba gusto verlos trabajar juntos. Ver ese nivel de compenetración
que broto entre ellos de manera natural, nada más conocerse.
Encajaban a la perfección. Eran los mejores cómplices de sus vidas.
Siempre estuvieron el uno al lado del otro. Bendito once de abril.

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