Gustaban de ir a merendar a su rincón secreto de Anaga. Un termo de chocolate negro bien caliente , un rosquete de batata ,que compartían, y el libro que estaban leyendo, era lo que necesitaban. Tras zampárselo todo , lobo se apoyaba en su árbol y lagartija reposaba su cabecita en él y comenzaba a leer.
Muchas veces, lagartija se dormía , no por falta de interés en la lectura si no por los madrugones de todos los días para ir a trabajar. Lobo seguía leyendo para sus sueños, para los árboles, para las flores y para todos los bichos del bosque .

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